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Apostolado

La Educación es, por sí misma, obra apostólica cuando respeta su finalidad esencial: desarrollar todas las facultades de la persona y hacerla más apta, para que promueva el bien social y oriente la cultura según el espíritu de Jesús.
Las Hermanas dedicadas al Apostolado docente, tienen la misión de participar en el cumplimiento del mandato que Cristo confirió a su Iglesia, de enseñar a todas las gentes. Ayudan a los padres de familia en el cumplimiento de su deber, y se responsabilizan de implicar a los demás miembros de la Comunidad Educativa.

En el apostolado educacional promovemos una formación integral de los alumnos, según las legítimas exigencias actuales y de cuerdo con las leyes y costumbres de cada país. Cultivamos en ellos las cualidades convenientes que ayudan sobremanera al diálogo con los hombres, como son la capacidad para escuchar a los demás y para abrirse, con espíritu de caridad, a las diferentes circunstancias de la convivencia humana.
Impulsamos en nuestros alumnos: una conciencia recta de la misión que tienen en la sociedad influyendo, con su ejemplo, un sentido de responsabilidad y de servicio al bien común, un uso recto de su libertad e iniciativa personal y la solidaridad con todos.

En nuestros ambientes escolares desarrollamos una auténtica evangelización, preparando a los alumnos a participar plenamente en la sociedad, asumiendo con espíritu crítico y sentido cristiano sus compromisos temporales.

NUESTRO ESTILO DE EDUCAR

Las Franciscanas Misioneras de la Inmaculada Concepción somos la entidad titular de nuestros centros educativos y, por tanto, las responsables de expresar y dar continuidad a los principios que definen el tipo de educación en ellos, así como a los criterios de actuación que garantizan la fidelidad de la acción educativa a estos principios. Ejercemos la última responsabilidad de los centros delante de la sociedad, de los poderes públicos y del conjunto de la Comunidad educativa.

En nuestra acción educativa:

  • · Orientamos a los alumnos en su trabajo formativo escolar, para que descubran sus aptitudes y limitaciones y aprendan a desarrollar todas sus capacidades.
  • · Adoptamos una metodología didáctica, abierta y flexible.
  • · Damos la importancia que se merece al trabajo intelectual de los alumnos, a fin de que todos rindan el máximo de sus posibilidades.
  • · Favorecemos la educación por medio del movimiento y de la expresión corporal, promoviendo la adquisición de habilidades.
  • · Ponemos los avances tecnológicos al servicio de la educación.

La actividad sanitaria responde muy bien a nuestra vocación religiosa. Representa en la Iglesia la vida de Cristo, curando y atendiendo a los enfermos y desvalidos. Ofrece una excelente ocasión para practicar las obras de misericordia, viendo a Jesús en la persona de los miembros más dolientes de la humanidad.

Este apostolado concuerda con nuestra devoción mariana, ya que la participación de la Virgen Inmaculada en el dolor redentor de su Hijo, debe servirnos para iluminar el cotidiano sufrimiento de los hombres.

La actividad sanitaria es óptima ocasión  para realizar con  nuestros enfermos y ancianos un valioso apostolado. Por ello las Hermanas procuran:

  • · Animarles con el ejemplo de su caridad, paciencia y demás virtudes.
  • · Escucharles en sus dificultades y problemas, tratando de confortarlos.
  • · Ayudarles a que vivan, según su fe y creencias, esos momentos de su vida.
  • · Preparar a la recepción de los Sacramentos a quienes lo deseen.

En el ejercicio del apostolado sanitario cuidamos de respetar la dignidad y libertad de las personas que reciben nuestra ayuda, pues Cristo, en todo momento, trató a sus semejantes como hermanos e hijos de Dios.

La Iglesia peregrinante es, por su naturaleza misionera, puesto que toma su origen de la misión del Hijo y de la misión del Espíritu Santo, según el propósito de Dios Padre. Por nuestro Bautismo y consagración religiosa, participamos del carácter misionero de la Iglesia y somos corresponsables de su misión universal, según las palabras del Señor: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura”.

Evangelizar es anunciar y hacer presente la “Buena Nueva” que proclamó Jesús. Supone el reconocimiento de Dios como Padre, y la aceptación de que todos somos hermanos. Nuestra Madre Fundadora, llevada por el Espíritu Santo, envió Hermanas a anunciar el Evangelio entre los no cristianos. Y nosotras, guiadas por este mismo espíritu inicial, vamos donde la Iglesia nos necesita, y procuramos adaptarnos a la realidad de cada lugar en el que estamos, colaborando, en fraternidad y minoridad, para implantar y extender el Reino de Dios.

En nuestras Residencias las Hermanas procuramos que las jóvenes encuentren en ellas un ambiente acogedor, cercano, tranquilo y familiar, para poder desarrollar con eficacia sus estudios durante su estancia en ellas.

Estamos convencidas que la dimensión religiosa forma parte de la esencia de la persona; por tanto, el respeto y referencia a ella es norma para nosotras. A las jóvenes se les pide respeto a la concepción cristiana de la vida, y que ajusten la forma de su comportamiento a los valores que de ella se derivan, con una conducta responsable y correcta.

El bienestar de todas las residentas, el ambiente acogedor y constructivo depende, en gran parte, del modo de proceder de cada una. Para contribuir a crear este bienestar pedimos a las jóvenes educación en el trato mutuo, corrección en el hablar, en el vestir y en la forma de actuar.

En las casas de espiritualidad las Hermanas procuramos una acogida amable, cordial y franciscana. Son lugares donde se halla quietud y sosiego, necesarios para encontrarse con Dios y con uno mismo.

Procuramos que la paz y el bien se respiren en la casa, y de esta manera ayudamos a que las personas que vienen puedan sentirse llenas de serenidad, de gozo y de paz.